Es imprescindible su visita al interior puesto que aquí se puede experimentar un viaje al pasado y ver in situ demostraciones del funcionamiento de una ferrería con sus impresionantes maquinarias movidas por la fuerza del agua.
Historia
La obtención del hierro y su transformación, es considerada una industria de gran tradición en Cantabria desde el siglo XIV, por su vinculación con la construcción naval y el posterior comercio colonial. El impulso definitivo de las ferrerías, en el último tercio del siglo XVIII, estuvo vinculado a la reconstrucción de la flota propuesta por el Marqués de Ensenada y a las intactas reservas forestales presentes en algunas zonas de la región. Su decadencia se producirá a partir de mediados del siglo XIX, desplazadas por los nuevos procesos siderúrgicos.
En el caso de la Ferrería de Cades, su construcción data de 1752, de la mano de la familia del jesuita Antonio de Rávago, confesor de Fernando VI, muy relacionado con la construcción del camino de Castilla y vinculado a los proyectos de Ensenada y Juan Fernández de Isla, un ilustrado que promovió y reactivó un buen número de ferrerías y martinetes en Cantabria. En esta zona occidental de la región las reservas forestales se conservaban más intactas y no sufría la influencia directa de la Cavada, donde se establecieron los primeros altos hornos por el procedimiento indirecto, que requería enormes cantidades de carbón vegetal e impedía el desarrollo de ferrerías más próximas. En 1759 un pleito enfrentó a Francisco A. de Rábago con los concejos de Bielva y Camijanes por la propiedad del monte Alsar de Linares, destinado a leña para carbón. El concejo de Celis le otorgó en 1790 permiso para cortar leña en los montes del concejo bajo ciertas condiciones. La ferrería siguió en poder de la misma familia hasta al menos 1854, fecha de la última referencia documentada a la ferrería.
En la ferrería de Cades se producían lingotes de hierro por el procedimiento de forja catalana, que consiste en la obtención directa del hierro a partir del material, sin necesidad de fundirlo completamente. Su rehabilitación y recuperación como centro de interpretación temático, comenzó en el 2000.
Otras ferrerías en el valle del Nansa activas en 1794 son la Ferrería de Cosío propiedad de Don Alfonso Cosío (labraba 1200 quintales), la de Don Juan de Celis (1000 quintales) y Don Francisco de Rábago (1000 quintales). En 1832 la Ferrería de Cades producía 600 quintales, en 1847, siendo su propietario Don Antonio María Rábago, producía 800 quintales.
